Restaurantes: La Santa Gula

¡Hola!

¿Cómo están? ¿Qué tal les fue de puente? Déjenme les platico de un lugar buenísimo que conocí el viernes y con el cuál, por desgracia y por fortuna rompí mi dieta. Y es que, los que ya conocen La Santa Gula estarán de acuerdo conmigo en que es imposible resistirse a los encantos del lugar, empezando por Mark, el dueño que le da una atención especializada a cada uno de sus clientes, dando una calurosa bienvenida desde que entras hasta que pagas la cuenta, recomendando platillos, alterando el menú con platos nuevos y especiales para los que están a dieta (como yo) y poniéndole sazón a la comida con sus chistes y anécdotas al estilo maltés.

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El viernes pasado estuve toda la mañana en el centro de la ciudad y por ahí de las 2:30PM ya me moría de hambre. Como ya les había contado, estoy llevando una dieta muy específica por la cual, no tenía contemplado quedarme a comer en el centro y salí corriendo al sur para poder comer algo por allá en alguno de los lugares que ya conozco y que sé, tienen una carta que se adapta a mi dieta. Ya muy cerca de mi barrio bello, me llamó mi novio para decirme que estaba sentándose a comer con unos amigos nuestros en un lugar llamado La Santa Gula. Ya nadamás por incluír la palabra “Gula” empecé a temer por mi dieta y me dije “Ok, tranquila, seguramente habrá aunque sea algo para ti”.
El lugar está lleno de sorpresas. Desde que entré, a simple vista, parecía un pequeño local, con un refrí y una barrita, pero ¡Oh, sorpresa! atravesando la cocina (todos saludaron muy amablemente) hay una terraza bastante agradable con unas 3-4 mesas largas. Llegué, ya con MUCHA HAMBRE ansiosa por leer la carta. En la carta se leían deliciosas hamburguesas con carne rellena del queso de tu elección, lasagna, ensaladas, unas bolitas de arroz empanizadas bañadas en salsa bolognesa, pizza, postres… ¡Uff! Empezaba a conflictuarme cuando apareció Mark a saludarme y sin pensarlo le expliqué que necesitaba comer pasta, ensalada y proteína sin grasa y sin aderezos y en un segundo y con la mejor actitud, me propuso un menú hecho especialmente para mi. Ya con eso se ganó mi fidelidad como cliente ya que, estarán de acuerdo, en la mayoría de los lugares ni siquiera la guarnición te cambian y si lo hacen, es con malacara y con una advertencia de que “tendrá un costo extra”. Como yo había llegado tarde, llegaron antes las bebidas de los otros comenzales y ahí les va otra grata sorpresa: ¡agua de horchata con leche de almendras! No dejen de probarla cuando vayan, es mil veces más rica que la que está hecha con leche de vaca, más nutritiva y cero grasa.

Bueno, por fin llegó la comida…

Al centro llegaron una lasagna y una bola de arroz empanizada bañada en salsa bolognesa (no recuerdo el nombre), alguien pidió pizza, los demás comensales pidieron hamburguesas. Para mi prepararon una pasta de moñitos con queso feta, jitomate y menta, y una ensalada delciosa con diferentes tipos de lechuga y pavo horneado en vino blanco. Lo mío estaba irreal, como para comer diario ahí y jamás aburrirme con mi dieta y los otros platillos… ¡Ups, los tuve que probar! Todos deliciosos, con un sabor casero bastante peculiar, casi podría decir que prepararon la comida con amor de mamá, en su punto exacto, con sazón. Y a eso, súmenle que Mark venía y nos platicaba la preparación y la historia de la comida. Por ejemplo, nos contó que cuando llegaba de la escuela su mamá lo recibía con unas de esas bolitas de arroz y que a la fecha, le gusta comerlas porque le recuerdan mucho su casa. También nos dijo que los postres eran 100% caseros y con las recetas de su mamá y que definitivamente no nos podíamos ir sin probarlos. Y yo pensé: “Bueno, que tanto es tantito, ya estamos aqui.” Nos trajeron un pie de manzana calientito acompañado de una bola de helado de vainilla, una tarta de queso hecha con queso de cabra y una pavlova perfecta que nunca voy a olvidar.

Salí muy contenta, satisfecha y literal y metafóricamente hablando, con un gran sabor de boca. Y es que, no hay mejor forma de pecar que con calidad y grandes sabores. Y por si esto fuera poco, te tratan como si fueras de la familia.
Muy recomendable. Lleven a quién mejor les caiga.

¡Gracias Mark!

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